Secano y montaña

Secano y montaña
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Exposición permanente
Como es común en todo el ámbito mediterráneo, a partir de las estrechas franjas de costa que ocupan huertas y marjales, el territorio valenciano empieza a elevarse para convertirse en secano y montaña.
 
Encontramos primero el secano, con un relieve todavía suave pero donde ya no llega el agua con la regularidad con que lo hace en las huertas, factor decisivo que determina un cambio en los cultivos, en la densidad de población y en las formas de habitar. Aparece después la montaña, los extensos espacios de relieve abrupto del interior que configuran una buena parte del territorio y que ponen a prueba la habilidad de sus habitantes para hacerlos productivos.
 
Para el caso valenciano, el secano, y sobre todo la montaña, configuran un verdadero “contrapeso” o, si se prefiere, una “dualidad” con las huertas y  marjales. Así, y a pesar de la existencia de algunos núcleos poblacionales de importancia histórica e  incluso industrial, como Alcoi o Morella, el secano y la montaña valencianos han estado mucho menos  poblados que las llanuras de la costa, densamente urbanizadas. Por otra parte, frente a las amplias huertas del llano litoral, las dificultades del terreno han obligado en la mayoría de los casos a aprovechar al máximo las vertientes construyendo un paisaje de cultivo a partir de terrazas (bancales). Todo ello  con un hábil uso de la abundante piedra que se tiene a disposición en las zonas de secano y montañosas.
 
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Secano y montaña han participado poco, sin embargo, en la conformación del imaginario valenciano más popular y reconocible. Elementos como la masía, el aceite, el vino o la fábrica textil, fundamentales en muchas de estas zonas, han tenido históricamente escaso peso específico en todo lo que se entiende como “típicamente valenciano”.